
LOS IGUALES
- Manuel Beltran
- 7 jul 2025
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El Nuevo Régimen avanza. En lo práctico, porque se aprueban dos reformas vitales y se impide el juicio político. En lo estructural, porque se supera otro nivel, otro estadio: la Constituyente ya es el objetivo principal. He insistido hasta el cansancio: el Gobierno Popular no tiene otra razón de ser que negarse a administrar el antiguo régimen; su deber es superarlo, demolerlo. Este ímpetu, que ha alimentado la esperanza y la conciencia del pueblo durante estos años, los del alba de la Revolución, es propio de las grandes revoluciones modernas y el pueblo debe sentirse orgulloso de ello. A partir de esta columna, propongo comparar nuestra Revolución con las grandes revoluciones de la modernidad, que, más que unos antecedentes, son nuestros antepasados. Empecemos con la Revolución Francesa, porque hemos superado algo que aquella no pudo. Un gesta, por ahora, y ojalá se mantenga así: se ha evitado el golpe de la traición sin caer en el terror. Claro, habrá que ver cuánto dura esta suerte de utopía, pero es indudable que los avances y conquistas son tangibles.
Ahora, trataré de explicar a mayor profundidad el vínculo con aquella revolución madre, como la Revolución Francesa, no por ser de Francia o de una potencia occidental, sino porque es paradigmatica en cuanto a la demolición del antiguo régimen y el albor de uno nuevo, que es nuestro caso. También, porque la Revolución Francesa llegó al punto de poner en tela de juicio el sistema político y social de su epoca, hasta platear en sus momentos finales la posibilidad de un cambio de sistema económico y productivo. Sí la Revolución Francesa es el triunfo de la burguesía, su ascenso a la cúspide de la pirámide social; pero también es la revolución que da nacimiento al socialismo. Aunque no haya gobernado, se convirtió en alternativa en los momentos en que la gran revolución moría a manos de los traidores que solo quisieron cambiar una tiranía por otra y no liberar al pueblo. A la dictadura jacobina, le sucedió por la fuerza y la guillotina una contrarrevolución de personajes funestos que hoy en Colombia llamaríamos tibios, que es la forma en que reconocemos a los más fascistas solapados. El Directorio se dedicó a mutilar la Revolución hasta convertirla en un despojo muy fácil de devorar para el prototipo de fascista occidental: Napoleón. Un golpista que acabó la revolución y usó sus banderas para extender su ambición imperial por el mundo. Haití sufrió en sus carnes y con deudas infames aquella cara funesta de la revolución burguesa. Pero, en nuestro caso, lo que importa es la alternativa que se intentó por parte de las fuerzas revolucionarias para mantener vivo el proceso de transformación y avanzar en el mismo. Se conoce como la Conspiración de los Iguales, encabezada por Babeuf, un revolucionario que intentó sacar al Directorio del poder, retomar la primera Constitución de la Revolución, la del 93, la republicana y de los derechos humanos que tanto influyó en nuestra independencia, además de implementar una colectivización de los medios de producción. Como señalan varios autores, era una revolución dentro de la Revolución. Sin embargo, Babeuf fue detenido y ejecutado por el Directorio. Allí murió la Revolución. Napoleón solo oficializó su defunción y anunció el nacimiento del imperialismo moderno, pero ya hablaremos más del bonapartismo en la próxima columna.
Lo que me interesa aquí sobre Babeuf es que nuestro proceso de cambio sí pudo avanzar, con base en el nacimiento de una conciencia de clase que mantiene vivo el espíritu de querer transformarlo todo, hasta que aquel antiguo régimen quede definitivamente en el pasado. Nadie imaginó en este contexto que la reforma laboral fuera el detonante de este episodio. La reforma laboral no era en extremo revolucionaria por sí misma. De hecho, es bastante moderada, en la medida que no pone en tela de juicio al sistema económico sino que apenas restituye derechos básicos, arrebatados en la época neoliberal. Sin embargo, la reacción de la aristocracia burguesa ha sido tal, que desató un proceso de mayor cambio, si se quiere, porque ya no se plantea que la reforma sea suficiente, sino que la reforma debe ser múltiple hasta hacerse total. Cuando una reforma es tan profunda, que lo cambia todo, no puede entenderse como una oposición a la revolución; en ese caso, son sinónimos. En el contexto colombiano actual, queda palpable que la reforma laboral, transformada en consulta popular, puso de cabeza al antiguo régimen, que nunca supo reaccionar, y demostró que ese viejo país debe ser superado por completo, ya que se niega sistemáticamente al menor de los cambios. En consecuencia, el pueblo ya no habla de la Constituyente con temor, sino como un objetivo de nación, una esperanza colectiva. Todo esto, mientras el gobierno se mantiene sólido y con alta posibilidades de repetir el triunfo en el próximo año. Este panorama ha sido un detonante para la intervención imperial, en pretendido rescate por las fuerzas de la oligarquía entreguista, sumado al ingreso a la Ruta de la Seda y al Banco BRICS, por supuesto. El golpe ha salido a la luz y es una amenaza grave y real. Pero también comprueba que el pueblo avanza. Si no fuera así, los gringos no estarían amenazando a Colombia.
A partir de aquí, analizo algunos aspectos fundamentales:
La Consulta vs El Golpe.
La consulta frena el golpe porque revitaliza el motor del cambio, que no es otro que la movilización popular. El letargo, producto de creerse que con ganar las elecciones bastaría, se supera y el pueblo vuelve a tomar la iniciativa como sucedió durante los estallidos sociales, solo que ahora es más fuerte porque está en el gobierno. El golpe tenía como base el descontento y la desmoralización del pueblo para que retirara su apoyo y dejara caer mansamente al mismo gobierno que eligió en el 2022. En otras palabras, no se trataba de tumbar a Petro sino que el pueblo se arrepintiera por haber levantado la cabeza. Y fue más evidente aún cuando los supuestos representantes de la democracia salieron en gavilla a negarle el derecho al voto a los ciudadanos; el peor de los casos el del registrador, sin ninguna duda. El antiguo régimen terminó de colapsar en este punto. La consulta pone de manifiesto la amenaza de fraude; se ha hecho tangible. El registrador no da garantías. Alguien que impide al pueblo votar no es garantía para unas elecciones. La consulta también ha llevado al extremo a los golpistas. De un juicio político por la financiación de campaña, más el complot de la UNGRD, se pasó a un juicio por indignidad, basado en chismes y calumnias; hasta llegar a un montaje tan descomunal como absurdo; el supuesto atentado no es verosímil, es la ficción forzada por crear el candidato que la oligarquía no tiene y precipitar la caída del Gobierno Popular por este lado. Sin embargo, la consulta no paro pese al video que curiosamente dejaron preparado de antemano, como si ya supieran del "ataque". La consulta avanzó hasta aprobar las dos reformas: la pensional y la laboral. Ni el Congreso ni la Corte Constitucional se atrevieron a tumbarlas por la presión clara y constante del pueblo y su gobierno. La consulta impidió el golpe porque no dio paso a la contrarrevolución, sino que ha dado luz a la Constituyente.
La Constituyente vs La Contrarrevolución
El deseo de los golpistas era que el pueblo se convenciera de su pecado al haber osado a desafiar el orden establecido y que se hundiera en una profunda contricción frente a sus amos de toda la vida. En consecuencia, que el pueblo llegara a la conclusión que lo que debe ser destruido no es el antiguo régimen, sino el nuevo; que los cambios y conquistas hasta ahora conseguidos fueran vistos como actos contra natura que deben ser reversados. Eso no es ni más ni menos que la contrarrevolución en la práctica. Una contrarrevolución es el deseo por frustrar y cortar de raíz cualquier posibilidad de cambio profundo y real. No siempre es una aversión por lo nuevo. La contrarrevolución se expresa de dos maneras: una que intenta retornar al pasado como sea, más conservadora; y otra, que odia profundamente los cambios, pero no quiere volver propiamente al pasado, sino modernizar la naturaleza del antiguo régimen que se moderniza para acabar la revolución e impedirla para siempre; es la versión más fascista. En Colombia, ambas se conjugan contra el Gobierno Popular. Sin embargo, la visión conservadora parece primar en el golpe, en la medida que buscaba "un acuerdo nacional" para volver al pasado. La visión fascista está en el falso atentado. Esa nueva derecha, con menos escrúpulos que sus antecesores. La Constituyente ha frenado la contrarrevolución porque ha puesto en tela de juicio todo el sistema. No se puede volver al pasado ni crear una nueva versión monstruosa de ese pasado, aunque se presente falazmente como una modernización. El ejemplo más claro son las instituciones que quedaron como espectros y gárgolas sobre la Constitución del 91 y que son propias en realidad de la de 1886. El Consejo de Estado, la Registraduría, la Procuraduría, la Corte Suprema de Justicia, la bicameralidad, el centralismo, entre otras, demostraron su inviabilidad histórica. Solo pueden funcionar en ese pasado al que no se puede volver. Ahora no solo niegan el voto, niegan derechos, protegen la corrupción, generan injusticia, marginación de las regiones, y un gasto innecesario por la dualidad de instituciones que tenemos en el país. Hay que cambiarlo todo.
El Mundo Multipolar vs El Imperio
También ha quedado claro que el golpe venía preparándose desde mucho tiempo atrás; es posible que desde antes que Petro fuera elegido presidente, en la imposición de la fórmula vicepresidencial. También queda claro que el detonante final ha sido el ingreso a la Ruta de la Seda y el acercamiento a los BRICS. El imperio es el jefe del golpe y ninguno se da sin su aval. Las amenazas que hoy recibe Colombia es la mejor prueba de la participación de los EEUU. Sin embargo, han fallado. Ya no es posible el golpe blando. El juicio político y la sucesión de la vicepresidenta ya no son posibles. Les queda el golpe por la fuerza, pero sería muy riesgoso a solo un año de acabarse el mandato de Petro. Eso sí, la urgencia de que Colombia se someta es manifiesta y el temor a que los países liberados por Bolívar sigan insubordinándose es cada vez más grande. Perder a Colombia sería catastrófico. Sin embargo, sus amenazas y conspiraciones solo impulsan ese escenario. Colombia solo será libre en el mundo multipolar. En consecuencia, la apuesta del golpe se transformó en un montaje para robarse las elecciones. Manipular al pueblo con base en el terror y el sensacionalismo. Pero las contradicciones de los autores de tamaña farsa han ido en tal aumento, por la necesidad de tapar una mentira con otra, que cada vez son más los que descreen de aquella ficción. Ninguna potencia extranjera desviará al país de su rumbo, Colombia ya salió de la burbuja de cristal y el mundo es muy amplio como para volver a ella. De hecho, nos hemos dado cuenta de que somos más grandes de lo que nos hicieron creer, solo que nos dividieron a trozos; hay que unir los pedazos.
Manuel Beltrán.




¡VIVA LA REVOLUCIÓN!